Llevaba tiempo dando vueltas sobre la mesa pero este viaje a Noruega tenía que llegar tarde o temprano.
Tengo una espina clavada con la Noruega ártica, porque el viaje que me regaló Cris en 2015 es, posiblemente, uno de los mayores retos personales que he vivido, donde más he tenido que confiar en mí mismo, donde más me he visto en peligro y donde he comprobado lo durísima que puede llegar a ser la vida en el Ártico.

El objetivo, volver en algún momento a aquella Noruega que apenas se dejó fotografiar, en la que la dureza del viento hizo llegar a plantearse si realmente merecía la pena pasar por estos momentos para hacer fotos.
Y ha tenido que ser una situación excepcional la que me va a volver a llevar a Noruega. Esta vez no iré solo, me marcho con un buen amigo que también necesita desconectar del día a día, que necesita, como yo, una excusa para tratar de salir adelante con ilusión y nuevas energías.
Seguramente no será un viaje fotográfico, sino más una experiencia personal. Me llevo en la cartera muchas cosas que hacer y un plan muy exigente, pero sin duda lo más importante es esa flexibilidad de que el plan será lo que nos apetezca en cada momento.

De momento, vamos preparando la ruta, con la flexibilidad de saber que el clima ártico es quien manda.
Oficialmente, comienza la cuentra atrás para un nuevo sueño por cumplir.




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