Hace ya un año del último viaje a la Laponia finlandesa con Iván y Héctor y echaba de menos volver a la nieve. Cada vez es más complicado encontrar un hueco para disfrutar de un rato de fotos. Pero como el mono aprieta, hemos decidido aprovechar las últimas nevadas en la sierra madrileña para subir a disfrutar de un rato de naturaleza y fotos.

El frío apretaba y quizás no íbamos tan organizados para una mañana tan fría, por debajo de los -10ºC. Pero las ganas lo pueden todo y llevé a Iván a mi balcón preferido, un rincón de camino al refugio del circo de Peñalara donde se puede disfrutar de las vistas de todo el valle.
El objetivo era claro, podría haber sido mucha conversación entre amigos y traernos de vuelta alguna que otra foto decente, pero realmente pensábamos en otra cosa, recordar el viaje del año pasado por la Laponia Finlandesa, los renos, las salchichas en la Kota o la carrera para encontrar las auroras boreales.
Al final la mañana no nos regaló ninguna nube que adornar el paisaje, pero los colores fueron estupendos para un rato de paz y tranquilidad charlando sobre la vida.

La imagen no tiene mucho secreto, encuadre picado, 16mm y un filtro violeta que realce el reflejo del cielo en la nieve antes del amanecer. Bueno, si a esto le podemos llamar nieve, porque era una buena capa de hielo.

La vuelta al coche siempre es sinónimo de victoria, el precio a un trabajo bien ejecutado. Un paseo con la cámara en mano bajando por una senda donde todos los demás suben.
La montaña es de todos, pero estas mañanas tenemos reservado un pequeño trocito para nosotros, primera fila en un teatro donde se interpreta un amanecer que nunca se repite.
Gracias por la charla y por el tiempo, Iván. Ha sido una bonita forma de volver a recordar nuestros momentos fotográficos más ilustres, amaneceres con fanecas, noches sin estrellas o la Laponia nublada. Es nuestro sinsentido, malos planes de los que salen momentos inolvidables.

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