Canon EOS 7D + AF 11-16 f4L ATX @ 1/30s – f5,6 – ISO 1250
2011 fue un año singular en muchos sentidos y este viaje por la costa oeste americana quizás fue un momento irrepetible. Esperando nuestro primer hijo entramos en la vorágine de un viaje por los estados de Nevada y California para encontrar la locura de sus ciudades, sus paisajes extremos y el bullicio de sus abarrotadas ciudades.
De entre todos los lugares que visitamos, nos quedamos, sin dudarlo ni un momento, con San Francisco. Un lugar tan curioso como especial, imagen de mil series y películas, de singularidades y sorpresas en cada barrio. Una ciudad para vivirla.
Pasamos apenas 3 días, que son sirvieron para descubrir su magia y para deleitarnos con la energía de sus empinadas calles. Allí se vive la ciudad de otra forma, quizás más tranquila por aquello de ser costera o quizás más enérgica por ser el centro de atención de medio mundo, pero es un singular rincón pensado para vivir.
El tranvía de San Francisco (al que conocen también como Cable Car) no es solo un medio de transporte urbano, es, sobre todo, una leyenda viva y una de las imágenes más icónicas de la ciudad. Para cualquier fotógrafo, es un sujeto esencial que encapsula el espíritu de San Francisco, al estilo de lo que sucede en Lisboa. Capturar este rincón en la calle Powell era uno de esas estampas icónicas que eran casi obligatorias.
Y es que esta imagen de nuestra primera noche por la ciudad fue un bautismo perfecto, buscando capturar la esencia de esa vida de teatros antiguos, restaurantes de diseño y tiendas retro separadas por avenidas en las que personas, tranvías y coches conviven de una elegante forma.
Un rincón para sentirse como parte de una película de los años 90.