Canon EOS R6 + EF 16-35 f4L @ 3,2s – f13 – ISO 125
El pozo da Ferida es uno de esos lugares que uno no espera encontrar en el lugar que está. Es el reclamo de una ruta hacia ningún sitio en medio de un frondoso bosque gallego lleno de robles, sauces y eucaliptos. Llegar requiere de cierta pericia, puesto que la bajada tiene algún que otro lugar arriesgado, así que ir con niños es aún más reto.
La fervenza le da una justificación a todo el frondoso entorno. Quizás sea no por el escaso caudal de agua que lanza la cascada, pero cualquier salto de agua de más de 30 metros como este debería estar siempre entre los rincones más espectaculares para visitar.
Llama la atención la oscuridad del agua de la poza, seguramente fruto de la cantidad de sedimentos que el río arrastra. Su tono marrón, casi negro, invita a andarse con cuidado, no vaya a ser que se acabe comprobando si es cierto lo que dice la leyenda local, aquello de que la poza no tiene fondo.
En esta ocasión, bajar hasta allí con el trípode fue una decisión acertada, el motivo que de vez en cuando necesito para animarme a meterle otros dos kilos de peso a la mochila. El resto de la imagen no tiene gran secreto, un degradado neutro para la parte superior y una combinación razonable de tiempo de exposición y luz.