Canon EOS 6D + EF 16-35 f4L IS USM @ 2,5s – f9 – ISO 250
El rugir del silencio. Esta imagen de 2014 es la esencia de un pequeño y humilde trotamundos. El destino nos llevó ese año de vacaciones hasta un lugar de la escarpada costa entre Óbidos y Peniche, en la Praia del Rei Cortiço, un lugar que no nos lo imaginábamos como luego resultó ser.
El Océano Atlántico ruge de forma constante con un ruido continuo y enérgico. Olas de más de metro y medio rompiendo continuamente sobre una playa con un escalón en el borde que hace casi imposible bañarte si no te meter con una tabla o algo parecido.
Dejando a las chicas en casa, solté cualquier excusa para escaparme un rato a fotografiar la puesta de sol sin saber muy bien donde ir o qué hacer. Una playa inexplorada, un cielo de amenazaba con dejarse caer sobre mi cabeza y una salida tardía de casa. Perfecto para volver con las manos vacías.
Al final caí en esta solitaria y peligrosa franja de playa perfectamente lisa preparada para dejar fotografiar su desnudez. Entre la primera y última imagen apenas pasan 20 minutos que parecieron 2 horas, limitados por una luz que se empeñaba en irse por el horizonte. Sólo el incesante ruido acompañó este rato de soledad en ese maravilloso y desconocido lugar. Al final, el juego estaba claro, primeros planos picados, para darle protagonismo al retorno del agua de unas olas que seguían un patrón desordenado. Un degradado neutro de 3 pasos a 45 grados completó el equipo en esta sesión de tomas a 2 o 3 segundos de exposición.
Donde el camino no prometía nada, la luz me encontró a solas con mi cámara y decidió darme la oportunidad que yo no buscaba.